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Sus síntomas pueden confundirse con la enfermedad celíaca, pero se trata de

una patología diferente que generalmente no se diagnostica.

La sensibilidad al gluten es una enfermedad de nuevo diagnóstico que está muy relacionada con la enfermedad celíaca. Las personas que la padecen no pueden ser consideradas como intolerantes o alérgicas al gluten a pesar de que esta proteína les hace enfermar. El gluten es una proteína que está presente en cereales de consumo tan frecuente como el trigo, la cebada o el centeno, ingredientes todos habituales en la llamada dieta mediterránea.

En la actualidad, 1 de cada 17 personas en España, es decir, el 6% de la población padece sensibilidad al gluten. Y el mayor problema es que estas personas no están diagnosticadas. Por su parte, el porcentaje de personas celíacas en España es del 1%. Según el doctor Gonzalo Guerra, fundador del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas “se trata de una patología que produce multitud de síntomas, dependiendo del paciente, y que puede simular otras enfermedades”. Este especialista asegura que que “la sensibilidad al gluten produce lo que denominamos disconfort abdominal, es decir, molestias entre las que puede estar el dolor o hinchazón en la zona del abdomen; también náuseas y vómitos, además de otros síntomas no directamente relacionados con el aparato digestivo como puede ser la fatiga o el dolor de cabeza”. Cuando un paciente acude a la consulta con estos síntomas, los especialistas en esta patología hacen un diagnóstico diferencial con otras patologías hasta confirmar que se padece sensibilidad al gluten.

Los síntomas son muy parecidos a los que presenta la enfermedad celíaca. Los principales son dolor de cabeza y de las extremidades, y estados de confusión y de fatiga, además de problemas digestivos como pueden ser náuseas, vómitos, diarreas y dolor e hinchazón abdominal. “Estos últimos síntomas, los digestivos, son los que pueden confundir esta patología con la enfermedad celíaca”, remarca Guerra.

Gluten es una glucoproteína ergástica amorfa que se encuentra en la semilla de muchos cereales combinada con almidón.

Debido a que la sensibilidad al gluten es una enfermedad identificada recientemente es necesario realizar distintas pruebas diagnósticas que confirmen el diagnóstico. Entre estas pruebas se encuentran un estudio genético, un estudio inmunológico, pruebas cutáneas y una biopsia intestinal. Una vez diagnosticada la enfermedad, el tratamiento para la sensibilidad al gluten consta de dos fases. Una primera fase de exclusión, en la que los pacientes dejan de ingerir determinados alimentos según las pautas marcadas por los especialistas, y una segunda fase de reintroducción, en la que el equipo médico indica una serie de menús y valora la evolución y tolerancia del paciente.

Fuente: Público.es